Hace ya mucho tiempo, en los años de la posguerra española,en un pueblito muy pequeño llamado Arrabal de Portillo(en Valladolid) había un cura llamado Don Julian que era grande y gordo con una caraq de malas pulgas que daba miedo solo con que te mirara.El cual una mañana de domingo de Resurrección salió a pasear por el campo verde.Empezó a comer espigas de cebada que todavia estaban verdes,sin darse cuenta de que para decir misa debía estar en ayunas.

Cuando ya todo el pueblo estaba en la iglesia esperando impacientes a oir misa Don Julian se subió al púlpito y dirigiéndose a todos dijo con su voz grabe:

-Hoy no puedo decir misa por no estar en ayunas asi que ahora leeré el periodico y ya esta tarde diré la misa.

Todo el pueblo se asombró del morro que tenia pero nadie fue capaz de decirle nada ya que su enorme tamaño intimidabaal igual que su poder en el clero

Ese mismo dia, después de haberles dicho la misa por la tarde recibió la noticia de que debería ir a Santiago del Arroyo para dar sepultura a un anciano del pueblo, en cuanto lo supo se puso en camino, cogió su caballo y fue para allá.

Al pasar el podrido vado del arroyo que separa los dos pueblos tuvo la mala fortuna de que se cruzó un sapo y el caballo se asustó callendo don Julian con con él,el cura tenía la cabeza en el agua y el pie enganchado en el estribo.

Pasaban por allí dos campesinos que iban a trabajar sus tierras y al ver tan inoportuno accidente se apresuraron a socorrerlo.Cuando ya estaba Don Julian fuera de peligro los campesinos exclamaron:

-¡Gracias a Dios que pasabamos por aqui!

-Gracias a Dios no,¡Gracias a vosotros que las intenciones de Dios bien jodidas eran!-Exclamó el cura con voz temblorosa por el susto.

Los campesinos volvieron a sus casas por la noche y lo contaron a sus familias.Uno de los campesinos que salvó la vida al cura fue mi bisabuelo,y Don Julian les estuvo eternamente agradecido y todos los regalos que le hacían se los daba a los campesinos por que siempre decía:

-Si yo ahora estubiera muerto de nada me servirian los bizcochos y tartas que siempre me regalan.

Supongo que con el paso del tiempo la relacion entre campesinos y el cura se fue enfriando con lo que dejo de llevarles las tartas y volvío a ser ese cura odioso y abaricioso de antes.